Necesitamos abordar los conflictos de interés y la influencia corporativa en el ámbito de la nutrición y salud pública

Guadalupe Guzmán-Caro, Fernando J. García López y Miguel Ángel Royo-Bordonada concluían recientemente en Gaceta Sanitaria (1) que, en el periodo  2017- 2018, el 64% de las sociedades científicas y fundaciones relacionadas con la nutrición y la prevención de la obesidad infantil en España recibieron algún patrocinio de compañías que comercializan alimentos y bebidas no saludables.

Estas sociedades y fundaciones juegan un papel muy relevante al juzgar qué hábitos alimentarios son saludables, y resultan claves en la difusión del conocimiento científico entre profesionales sanitarios. Al final, esto se refleja en el establecimiento de medidas de salud pública y recomendaciones de alimentación para la población general. Sus fuentes de financiación pueden poner en riesgo los intereses de la nutrición en salud pública, al entrar en conflicto con los de la industria, en este caso alimentaria. Cualquier intento de colaboración tendría que generar beneficio económico para la industria, que debe cumplir el mandato legal de maximizar sus ganancias.

A la vista de estos resultados, que muestran el frecuente patrocinio de compañías que comercializan alimentos y bebidas no saludables a sociedades científicas y fundaciones relacionadas con la nutrición y la prevención de la obesidad infantil en España, no puede descartarse que sus actividades representen o hayan sido influidas por los intereses comerciales de la industria alimentaria (1). De hecho, los autores apuntan que las iniciativas de las asociaciones patrocinadas se dirigían exclusivamente a cambiar los hábitos individuales, mientras que las sociedades no patrocinadas por las corporaciones industriales promovieron cambios en el sistema y en el entorno alimentario. Este hallazgo es un ejemplo más de cómo las colaboraciones entre profesionales científicos y ciertos sectores de la industria alimentaria a menudo resultan en la distorsión del enfoque de los problemas de salud pública y sus posibles soluciones, protegiendo así los intereses económicos de la industria y no los de la salud pública (2,3,4).

Debido en gran parte a los intereses de ciertos sectores privados y a su oposición frente al desarrollo de políticas eficaces, hoy en día siguen sin llevarse a cabo iniciativas clave recomendadas para promover la alimentación saludable (5, 6). Por consiguiente, se necesita establecer estrategias para contrarrestar esta influencia. Aunque la total transparencia y declaración de conflictos de interés es importante, no elimina el problema (7). El aumento de financiación pública o el desarrollo de un fondo de actividad científica único gestionado por un organismo independiente y con demostrada solvencia científica serían estrategias más efectivas, pero también hay otras medidas que podrían adoptarse. Para empezar, se deberían desarrollar guías estrictas, que regulen la colaboración de cualquier comunidad científica con entidades comerciales y eviten influencias indebidas, puesto que el estudio recientemente publicado (1) no encontró asociación entre la existencia de código ético y patrocinio.

Otras propuestas para atajar las indebidas influencias comerciales que van en detrimento de la salud pública han sido descritas en la literatura e incluyen: aumentar la sensibilización de los profesionales y la población con respecto al tema (en este contexto la comunidad científica debería de recordar que su objetivo último es buscar la verdad para mejorar la salud de la población (7)); supervisar las prácticas empresariales de las fuentes de financiación en el ámbito académico así como en las sociedades civiles y los medios de comunicación; y prohibir cualquier forma de colaboración con industrias cuyos intereses amenacen la independencia, integridad y credibilidad de la salud pública (8). Además, se han considerado opciones como reforzar la protección a los denunciantes de malas practicas o imponer impuestos a las empresas para que contribuyan a la financiación de salud pública mediante un organismo independiente (8). Muchas de estas propuestas provienen del Convenio Marco para el Control del Tabaco impulsado por la OMS, que es el único tratado mundial que aborda la interferencia de una industria en el diseño, adopción e implementación de políticas de salud pública. Dadas las similitudes entre la industria tabacalera y la industria de alimentos y bebidas no saludables a la hora de debilitar las intervenciones de salud pública (9), las herramientas presentadas para evitar la influencia indebida de la industria tabacalera se deberían emplear sobre otras industrias cuyos productos suponen un perjuicio para la salud.

Referencias:

  1. Guzmán-Caro G, García López FJ, Royo-Bordonada MA. Conflicts of interest among scientific foundations and societies in the field of childhood nutrition. Gac Sanit. 2020.
  2. Rey-López JP, Gonzalez CA. Research partnerships between Coca-Cola and health organizations in Spain. Eur J Public Health. 2019;29:810–5.
  3. Fabbri A, Chartres N, Bero L. Study sponsorship and the nutrition research agenda: analysis of cohort studies examining the association between nutrition and obesity. Public Health Nutr. 2017;20:3193–99.
  4. Chartres N, Fabbri A, Bero LA. Association of industry sponsorship with outcomes of nutrition studies: a systematic review and meta-analysis. JAMA Intern Med. 2016;176:1769–77.
  5. Martin McKee, David Stuckler. Revisiting the Corporate and Commercial Determinants of Health. Am J Public Health. 2018;108:1167-70.
  6. Mialon M, Mialon J, Andrade GC, Moubarac JC. “We must have a sufficient level of profitability”: food industry submissions to the French parliamentary inquiry on industrial food. Crit Public Health. 2020;30:4:457-67.
  7. Bes-Rastrollo M, Martínez-González MA. Conflictos de interés: Poderoso caballero es Don Dinero. Semergen 2019;45:75-76.
  8. Mialon M, Vandevijvere S, Carriedo-Lutzenkirchen A, et al. Mechanisms for addressing and managing the influence of corporations on public health policy, research and practice: a scoping review. BMJ Open. 2020;10:e034082.
  9. Moodie R, Stuckler D, Monteiro C, et al. Profits and pandemics: prevention of harmful effects of tobacco, alcohol, and ultra‐processed food and drink industries. Lancet 2013;381:670–679.

 

Clara Gómez-Donoso, Graduada en Farmacia, Investigadora y Doctoranda Dpto. Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Navarra

Miguel A. Martínez-González, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Navarra, Adjunct Professor of Nutrition, Harvard TH Chan School of Public Health, Investigador Principal de grupo en CIBERobn, Investigador Principal en Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra

Maira Bes-Rastrollo, Catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Navarra, Investigadora de grupo en CIBERobn, Investigadora Principal en Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra

Los determinantes comerciales y corporativos de la salud y los conflictos de interés en la investigación

El aumento de las enfermedades no transmisibles es una manifestación de un sistema económico global que actualmente prioriza la creación de riqueza sobre la preservación de salud. Muchos problemas y soluciones clave para este problema, se encuentran fuera del sector sanitario, especialmente en las prácticas corporativas, los acuerdos comerciales y la legislación.  Hay grandes retos con respecto a los incentivos desalineados, las externalidades no corregidas y la disonancia cognitiva generalizada (1).

La industria ha venido mostrando interés en financiar investigación en temas de salud, sin embargo, este interés no se limita solo al avance científico, sino también a razones comerciales, lo que a veces puede conllevar a conflictos de interés por su posible influencia en los temas a investigar, las políticas de salud pública o, incluso, los resultados y las conclusiones de estudios científicos, como ha quedado demostrado (2,3).

Un artículo publicado recientemente en Gaceta Sanitaria, titulado “La financiación de la industria alimentaria y la investigación epidemiológica sobre nutrición y salud”(4), discute sobre la conveniencia de establecer mecanismos para evitar que la financiación de la industria influya tanto en la distribución de fondos entre grupos e instituciones, como en el análisis y los resultados de las investigaciones, para garantizar la independencia de los investigadores, así como su ética profesional.

Tal como mencionan las personas autoras del trabajo, no se puede perder de vista el poder de la industria como motor de la economía mundial. En la literatura se han denunciado diversas tácticas de multinacionales de la alimentación para esquivar políticas de salud pública que podrían perjudicarlas económicamente, como establecer alianzas con legisladores y profesionales sanitarios para oponerse a regulaciones o impuestos, o incluso, adoptar mecanismos de puertas giratorias, por los cuales algunos directivos de empresas alimentarias acaban ocupando altos cargos en agencias reguladoras, o viceversa. La mera autorregulación no parece haber sido efectiva en diversos ámbitos de la alimentación (4,5).

En un reciente artículo, Stuckler y Mckee (6) identifican cuatro de las formas en que las corporaciones influyen en la salud: definiendo la narrativa dominante; estableciendo las reglas por las cuales opera la sociedad, especialmente el comercio; controlando la mercantilización y socavando los derechos políticos, sociales y económicos.

Todo esto pone de manifiesto, que las paradojas del siglo XXI exigen una colaboración interdisciplinaria profunda y el concepto de determinantes comerciales y corporativos de la salud proporciona este espacio para unir a la salud pública y las decisiones políticas, y movilizar al sector privado para promover la salud en un mundo cada vez más globalizado y orientado al consumidor.

Autora: Clara Bermúdez-Tamayo es Directora Asociada Gaceta Sanitaria, Investigadora en la Escuela Andaluza de Salud Pública y CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP). Investigadora asociada de la Quebec Population Health Research Network/Canada. 

Referencias

  1. Kickbusch I, Allen L, Franz C. The commercial determinants of health. Lancet Glob Health. 2016;4(12):e895–e896.
  2. Stuckler D, Ruskin G, McKee M. Complexity and conflicts of interest statements: a case-study of emails exchanged between Coca-Cola and the principal investigators of the International Study of Childhood Obesity, Lifestyle and the Environment (ISCOLE). J Public Health Policy. 2018;39(1): 49–56.
  3. León Mengíbar J, Pastor-Valero M, Hernández Aguado I. Una evaluación crítica de la relación entre la industria alimentaria y la investigación en salud. Gac Sanit. 2017 Jul – Aug;31(4):320-323.
  4. Navarrete-Muñoz EM, Tardón A, Romaguera D, Martínez-González MÁ, Vioque J. La financiación de la industria alimentaria y la investigación epidemiológica sobre nutrición y salud. Gac Sanit. 2018 Mar – Apr;32(2):168-171.
  5. Sharma LL, Teret SP, Brownell KD. The food industry and self-regulation: standards to promote success and to avoid public health failures. Am J Public Health. 2010;100(2):240-6.
  6. McKee M, Stuckler D. Revisiting the Corporate and Commercial Determinants of Health. Am J Public Health. 2018 Sep;108(9):1167-1170.

Incumplimiento del actual código de autorregulación de la publicidad de alimentos para niños y necesidad de un nuevo marco normativo para prevenir la obesidad infantil

La obesidad infantil es un problema de salud de tal envergadura que ha provocado la puesta en marcha de acciones por parte de las instituciones públicas. Parece claro que los cambios en los hábitos de vida de los niños en las últimas décadas han contribuido al agravamiento del problema y se apunta a la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a la infancia como uno de los posibles factores que contribuye al mantenimiento de las altas prevalencias de esta enfermedad. La regulación y el control de la publicidad es una de las medidas llevadas a cabo por los diferentes países.

España ha optado por la corregulación (autocontrol de las empresas anunciantes pero regulada legalmente). En el año 2005 se desarrolló la Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad (Estrategia NAOS)1, y tras la publicación de las recomendaciones de la OMS (de 2010), se aprobó la Ley 17/2011, de 5 de julio, de Seguridad Alimentaria y Nutrición2. En dicha norma existe un capítulo dedicado a la publicidad de alimentos, que establece que deben promoverse acuerdos de corregulación con los agentes audiovisuales, de manera que se marquen códigos de conducta en la promoción de alimentos y bebidas dirigidos a menores de 15 años. En este contexto, se elaboró un código de autorregulación de la Publicidad de Alimentos dirigido a Menores para la prevención de la Obesidad y Salud: el Código PAOS (Publicidad, Alimentos, Obesidad y Salud). Fue promovido en 2005 por la Federación Española de Industrias y Bebidas y modificado en 2012, tras la aprobación de la Ley de Seguridad Alimentaria3. En él se establecen 25 normas éticas que guían  a las compañías adheridas en el desarrollo, ejecución y difusión de sus mensajes de publicidad de alimentos y bebidas dirigidos a menores de 12 años1.. El Gabinete Técnico de la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial (Autocontrol) es el que se encarga del cumplimiento del código, a priori, examinando los anuncios destinados a menores de 12 años antes de que sean emitidos y, a posteriori, resolviendo las reclamaciones por incumplimiento del código4.

El código PAOS hace hincapié en la importancia de que la publicidad sea honesta y veraz y no utilice estrategias que se aprovechen de la inocencia y la credulidad de los niños, supervisa el diseño creativo así como los personajes utilizados en los anuncios. Asimismo, impide que se explote la confianza que los niños tienen depositada en sus padres, profesores o personajes de películas o series, pretendiendo evitar que el niño espere adquirir estos productos más por el testimonio o respaldo del personaje que aparece en el anuncio que por las características del producto en sí.

Sin embargo, este código de conducta no restringe la exposición de los niños a los anuncios (tanto en la cantidad de publicidad como en las horas de emisión) y no regula la calidad nutricional de los productos anunciados. Tampoco establece limitaciones sobre el número de veces que un producto puede ser anunciado al día, ni el efecto acumulativo de similares productos o mensajes.

En 2013, el código PAOS fue firmado por 44 empresas del sector5 y desde 2009 también por las cadenas de televisión, que asumen el compromiso de respetar las normas éticas que establece el código, aplicándolas a todos los anunciantes, hayan firmado o no el acuerdo6.

Los estudios realizados en España evidencian que la calidad nutricional de los productos alimenticios incluidos en la publicidad dirigida a niños es muy baja, encontrándose que los alimentos más promocionados son los que poseen un alto contenido en grasas, azúcares y sal (valores por encima del 50% en todos los casos), tanto en las investigaciones realizadas antes como después de la implementación del código PAOS4,7-10. Además, se observa que el nivel de cumplimiento del código PAOS es bastante deficiente4,7-10, de manera que todos los estudios indican que el código es una herramienta insuficiente, que no está arrojando los resultados esperados. Aunque son muchas las normas del código PAOS que se incumplen, los quebrantamientos más comunes se refieren principalmente a la aparición de personajes famosos o conocidos por los niños4,8,10, a la utilización inadecuada de incentivos y reclamos4,8-11 y a inducir a error a los niños sobre las propiedades del producto4,8,10. Asimismo, con frecuencia se incumplen las normas que ponen de manifiesto la importancia de no utilizar estrategias que exploten la imaginación del menor4,10 y de promocionar estilos de vida saludables4,9.

El mensaje que envía actualmente la publicidad se opone al mensaje saludable que los profesionales sanitarios tratan de transmitir, lo que puede suponer barreras a la hora de lograr los objetivos de salud pública relativos a la reducción de la obesidad y el sobrepeso infantiles. El porcentaje de fracaso y recaída en el tratamiento de la obesidad es alto12, por lo que deben encontrarse estrategias efectivas que capaciten a los niños y sus padres para hacer elecciones apropiadas. Sería recomendable realizar investigaciones más actualizadas sobre el contenido nutricional de los productos anunciados y las estrategias empleadas, tanto en España como en el resto de Europa, con el fin de disponer de datos certeros respecto a la influencia que están ejerciendo las distintas medidas emprendidas. Determinar, a través de la comparación de los resultados ofrecidos, qué tipo de medidas están resultando las más efectivas para lograr el objetivo propuesto (reducir el sobrepeso y la obesidad infantiles) permitirá optimizar los esfuerzos realizados y aumentar la eficiencia. Se sugiere la necesidad de ampliar el alcance del código PAOS con medidas más eficaces o desarrollar un nuevo marco normativo que incida positivamente en todos los sectores que influyen en los hábitos alimenticios de los niños: la familia, la escuela, así como la televisión y los medios audiovisuales.

AUTOR:  JOSE ANTONIO PONCE BLANDÓN

Jose Antonio es Enfermero, Licenciado en Ciencias de la Información y Máster en Salud Pública por la EASP. Es doctor por la Universidad de Sevilla, desarrollando varias investigaciones sobre la influencia de la publicidad en los hábitos alimenticios durante la infancia, trabajando sobre ello desde el grupo de investigación PAIDI CTS284 de Promoción de la Salud. Durante varios años trabajó en diferentes puestos técnicos y de responsabilidad relacionados con la Salud Pública en la Junta de Andalucía y actualmente es Director del Centro Universitario de Enfermería de Cruz Roja, adscrito a la Universidad de Sevilla, coordinando además las asignaturas de Promoción de la Salud y Estadística y TICs.

REFERENCIAS:

1.- Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Estrategia NAOS: Estrategia para la nutrición, actividad física y prevención de la obesidad. Madrid: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; 2005 [acceso 23 de noviembre de 2015]. Disponible en: http://www.aecosan.msssi.gob.es/AECOSAN/docs/documentos/nutricion/estrategianaos.pdf.

2.- Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Ley nº 17/2011(5  julio 2011).

3.- Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Código de Corregulación de la Publicidad de Alimentos y Bebida dirigida a menores, prevención de la obesidad y salud (Código PAOS). Madrid: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; 2012 [acceso 23 de noviembre de 2015]. Disponible en: http://www.aecosan.msssi.gob.es/AECOSAN/docs/documentos/nutricion/Nuevo_Codigo_PAOS_2012_espanol.pdf.

4.- Romero M, Royo MA, Rodríguez F. Compliance with self-regulation of television food and beverage advertising aimed at children in Spain. Public Health Nutr. 2010;13:1013-1021.

5.- Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad . Madrid: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; 2013. Notas de prensa. [acceso 3 de febrero de 2016]. Disponible en: http://www.msssi.gob.es/gabinete/notasPrensa.do?id=3043.

6.- González, C. Autorregulación en la publicidad de alimentos para niños a través de PAOS: Un estudio internacional. Cuadernos info. 2013;32:59-66.

7.-  Romero F, Royo MA, Rodríguez F. Evaluation of food and beverage television advertising during children`s viewing time in Spain using the UK nutrient profile model. Public Health Nutr. 2013; 16, 1314-20.

8.-  Ramos C, Navas J. Influence of Spanish TV commercials on child obesity. Public Halt. 2015;129:725-31.

9.- González C. La publicidad dirigida a niños en el sector de la alimentación: un estudio atendiendo  al tipo de producto. Historia y Comunicación Social. 2013;18:175-87.

10.- Menéndez RA, Franco FJ. Publicidad y alimentación: influencia de los anuncios gráficos en las pautas alimentarias de infancia y adolescencia. Ntr Hospitalaria. 2009; 24: 318-25.

11.- Fernández E, Díaz J. La publicidad de alimentos en la televisión infantil en España: promoción de hábitos de vida saludables. OBS. 2014;8:133-50.

12.-  Ariza C, Ortega E, Sánchez F, Valmayor S, Juárez O, Pasarín MI. Childhood obesity prevention from a community view. Aten Primaria. 2015;47:246-55.