Datos poblacionales descriptivos y vitales: imprescindibles para una respuesta rápida basada en la mejor evidencia

Las dos cartas al director sobre COVID19 disponibles como avances ‘in press’ de Gaceta Sanitaria desde la primera quincena de noviembre coinciden en utilizar, como base, información descriptiva ‘básica’ en vigilancia epidemiológica para ofrecer recomendaciones de elevado interés para la salud pública en la actual sindemia por COVID19. Se utiliza en dos escenarios y poblaciones muy diferentes.

Por un lado, en la Comunidad Autonómica Catalana dentro del Estado Español, García Alamino y Tobías (1) utilizaron los datos de la incidencia acumulada de COVID-19 en las siete regiones sanitarias de Cataluña dos semanas antes del inicio del curso escolar,  y el número de grupos de alumnos confinados durante la primera semana de curso escolar. Tras aplicar un modelo de regresión de Poisson para evaluar la relación entre ambas variables, observaron una relación lineal, según la cual el riesgo de confinar a un grupo de alumnos aumenta en promedio un 4,3% para un incremento de 10 casos por 100.000 habitantes en la tasa de incidencia. Según los autores, pasar de una región de baja incidencia a otra de alta incidencia implicaría un riesgo más que considerable. La recomendación de los autores es la de reevaluar continuamente el riesgo de mantener los colegios abiertos en aquellas zonas donde la incidencia de la infección sea alta. Si los niños estaban confinados en sus casas durante la primera ola de la sindemia, presentarían tasas de incidencia bajas, y difícilmente podían ser un vector de propagación del virus, pero al socializar en los colegios, la situación cambia drásticamente, tal como pone de manifiesto el análisis realizado por los dos investigadores.

En el segundo estudio (2), se analizan las estadísticas de mortalidad y letalidad por COVID-19 en población anciana de Perú. Los autores nos presentan datos que constatan la mayor letalidad en personas mayores, sobretodo del sexo masculino, pero además discuten sobre la idoneidad de las recomendaciones sanitarias que se realizan en dicho colectivo teniendo en cuenta las características sociodemográficas del colectivo de mayor edad respecto de aspectos relacionados con la privación social, en las que el confinamiento es de difícil cumplimiento si se depende de la calle para la subsistencia, no se dispone de frigorífico para almacenar productos frescos, ni es sencillo lavarte las manos con frecuencia porque no se dispone de agua corriente en el domicilio.

Apoyo a una mujer indigente en Miami (Getty images).

 

Un reciente análisis textual de 5780 publicaciones extraídas de las bases de datos Web of Science, Medline y Scopus sobre los temas de investigación actuales identificó como temás más frecuentes a las pautas para la atención de emergencia y quirúrgica, a la investigación sobre la patogénesis viral, y a las respuestas globales en la pandemia de COVID-19 (3). En este último apartado, sin duda, los datos de vigilancia epidemiológica, y de estadísticas descriptivas y vitales poblacionales son imprescindibles para la correcta toma de decisiones en salud pública.

Por lo tanto, vemos claros ejemplos de que los datos  poblacionales descriptivos y vitales: imprescindibles para una respuesta rápida basada en la mejor evidencia. Esto sin  menoscabo de una necesidad de conseguir datos lo más exactos y fiables posibles sobre el número de defunciones por COVID-19, tema que además de haber sido objeto de debate en la sociedad, también lo ha sido en la comunidad epidemiológica (4,5), destacando la propuesta de la inscripción telemática del certificado médico de defunción en el ya informatizado registro civil y/o en la historia clínica digital, que aceleraría el recuento de fallecidos (conociendo las causas de las muertes) ante una eventual emergencia sanitaria.

Qué factores, además de los estrictamente sanitarios se deben tener en cuenta a la hora de tomar decisiones forman parte de la política, además de la ciencia. En el caso de la interpretación de datos sobre COVID-19, además debemos sumar la complicación de interpretaciones erróneas de las estadísticas epidemiológicas por parte de los políticos que toman las decisiones (6).  El reto está en dar el mayor peso posible a la ciencia en las decisiones políticas con impacto en la salud pública.

 

Dra. Elia Fernández Martínez

Enfermera y Matrona

Doctora en Cuidados en Salud

Profesora Ayudante Doctor

Departamento de Enfermería,

Universidad de Sevilla, España

 

 

Bibliografía

  1. Garcia-Alamino JM, Tobías A. Incidencia de infección por SARS-CoV-2 en la comunidad y su impacto en la primera semana de reapertura de colegios en Cataluña. Gac Sanit (2020). doi: 10.1016/j.gaceta.2020.09.007
  2. Mendoza-Saldaña JD, Viton-Rubio JE. Sociodemographic aspects of the older population in front of COVID-19 pandemic in a developing country: the case of Peru. Gac Sanit (2020). doi: 10.1016/j.gaceta.2020.09.004
  3. Tran BX, Ha GH, Nguyen LH, Vu GT, Hoang MT, Le HT, Latkin CA, Ho CSH, Ho RCM. Studies of Novel Coronavirus Disease 19 (COVID-19) Pandemic: A Global Analysis of Literature. Int J Environ Res Public Health. 2020 Jun 8;17(11):4095. doi: 10.3390/ijerph17114095.
  4. Cirera L, Segura A, Hernández I. Defunciones por COVID-19: no están todas las que son y no son todas las que están. Gac Sanit (2020). doi: 10.1016/j.gaceta.2020.06.006
  5. Barbería E, Grijalba M, Martínez JA, Marcos RA, García V. Defunciones por COVID-19 en España y estadísticas de mortalidad. Gac Sanit (2020). doi: 10.1016/j.gaceta.2020.09.003
  6. Adam D. Nature. A guide to R – the pandemic’s misunderstood metric. 2020 Jul;583(7816):346-348. doi: 10.1038/d41586-020-02009-w.

Capacitar poblaciones vulneradas abogando por la salud en positivo

Los procesos de exclusión social tienen un efecto claro para la salud de las personas y de las comunidades (1). Analizar el fenómeno de la vulnerabilidad, nos permite entender claramente hasta qué punto el entorno condiciona y se ve condicionado de forma recíproca, generando zonas urbanas o rurales físicamente deterioradas, que aglutinan situaciones que atacan a la integridad humana de forma multidimensional(2). Hay evidencias de que en toda Europa la población gitana se encuentra en una posición especialmente desfavorable, con peores resultados en salud y menor esperanza de vida(3). A esto se suma el estigma de la discriminación social y cultural. Si queremos hablar de justicia social, es necesario que nuestras sociedades fortalezcan sus sistemas de salud pública y estos se rijan por principios de equidad e inclusión. Para ello debemos de ir más allá de la posibilidad y poner facilidades para que sea efectiva(4).

El artículo publicado por Daniela E. Miranda y colaboradores(5), afronta la capacitación de población gitana en abogacía para la salud, a través de un estudio de caso en Torreblanca, Sevilla. El trabajo realizado se desmarca de otros estudios de abogacía al identificar como destinatarios de esta capacitación a miembros de la propia comunidad. A través de una Investigación Acción Participativa, trabajaron con 4 miembros de la comunidad en un proceso de recogida de evidencias sobre factores que afectan negativamente a la salud en el barrio. El estudio evidencia de forma exitosa, no solo la pertinencia del fotovoz como método de investigación social para desarrollar acciones de abogacía basadas en el conocimiento creado por la comunidad, sino que, además, la información adicional proporcionada a través de las distintas tablas expuestas a lo largo del artículo, permite entender el recorrido reflexivo del grupo de trabajo y desarrollar lecturas complementarias desde otros puntos de vista. En este sentido, consideramos muy interesante que en la identificación y categorización de los determinantes sociales de la salud realizadas por las personas participantes se encuentren elementos transversales claros. Dos ejemplos son el desempleo y la falta de formación, que además de aparecer como categorías en sí mismas, emergen como fuentes de inseguridad, de insalubridad y de desamparo económico para dotarse de viviendas en condiciones decentes.

Consideramos que este estudio supone una oportunidad para ampliar el debate sobre dos componentes fundamentales en la planificación de proyectos participativos. Se trata de dos elementos que definen los intercambios de información posteriores y que son determinantes para el complejo proceso que les sucede y para sus resultados. Nos referimos a la elección de las personas participantes y a la orientación de la observación inicial.

Las autoras y autores del artículo nos muestran que el ámbito de estudio, el barrio de Torreblanca, es una zona heterogénea en la que convive población originaria del barrio en Torreblanca La Vieja (que se sobreentiende que no son de etnia gitana) y familias gitanas procedentes de asentamientos chabolistas realojadas en los años 60 en la zona de Torreblanca la Nueva. A través de un trabajo en red con los servicios comunitarios se optó por una participación de personas que cumplieran los criterios de identificarse como persona de etnia gitana, tener capacidad de liderazgo y poder implicarse durante un proceso de 3 meses. Puede ser de interés que nos cuestionemos el criterio étnico en la formación del grupo de participantes, por dos motivos. Por una parte, siendo el ámbito de estudio un barrio heterogéneo que comparte problemáticas comunes, este tipo de procesos podrían ser una oportunidad para generar un espacio de intercambio entre personas referentes que fuese representativo de dicha heterogeneidad, abordando discusiones sobre elementos compartidos, pero sin perder de vista las situaciones de desigualdad concretas a la que se ve expuesta la población gitana. Por otra parte, aunque los autores y autoras de este estudio exponen cómo el tamaño del grupo no afecta a la metodología, esta decisión limita la participación; de ahí que quepa preguntarse si la generación de evidencias se ve reducida y cómo la dinámica del grupo se ve afectada por su composición.

En cuanto al proceso de observación, piedra angular de todo procedimiento de Investigación-Acción Participativa, vemos en esta experiencia cómo se empieza invitando a los/as participantes a identificar los determinantes sociales que afectan a la salud de la población gitana, con el objetivo de construir de esta forma el conocimiento local. En este momento inicial del estudio se aborda la salud como un problema, caracterizando la comunidad gitana y el espacio que habita desde sus déficits o desde una postura comparativa frente a otras zonas con mejores equipamientos y mayores recursos. Para este estudio concreto, sería interesante acceder a información sobre los porcentajes de población gitana y no gitana en cada una de las zonas para poder valorar hasta qué punto el imaginario planteado (zonas gitanas, zonas no-gitanas) se ajusta a la realidad social en términos cuantitativos. Sin embargo, lo que sí podemos afirmar es que, aunque efectivamente el enfoque planteado en el estudio permite trascender la perspectiva biomédica, no se logra trascender la perspectiva patogénica, al no trabajar desde un inicio a partir de una observación e identificación de activos para la salud presentes en el barrio. Este cambio podría facilitar a los/as participantes reflexionar más allá del modelo médico hegemónico, arraigado en una economía de escasez(6).

Imagen barrio vulnerado de Alicante 2017
©ASERTOS, Arquitectura Sin Fronteras y Quatorze

Si integramos en Salud Comunitaria nuestras metodologías basándonos en el modelo sinérgico salutogénesis-activos, podemos crear un marco de intervención desde una perspectiva de salud positiva(7,8), facilitando una abogacía fundamentada en una identificación de la comunidad que tenga en cuenta, fundamentalmente, las fortalezas y oportunidades. De esta forma, podrán inspirarse respuestas de dentro hacia fuera, que tengan en cuenta lo que ya está presente, haciendo visibles alternativas comunitarias que se adelanten a las respuestas institucionales, sin dejar de reivindicarlas(9).

De cualquier forma, lo que es evidente es que estudios como el llevado a cabo por Daniela E. Miranda y su equipo colaborador (5) son muy necesarios para abordar las desigualdades sociales en salud desde el interior de las comunidades. Esto implica poner en valor la pertinencia de una abogacía para la salud y la movilización de los recursos necesarios para que sea posible.


Daniel Millor Vela
Arquitecto por la Universidad de Alicante
Codirector de la asociación Quatorze
Doctorando en Desigualdades en Salud de la Universidad de Alicante

Jorge Marcos Marcos
Antropólogo salubrista
Doctor por la Universidad de Granada
Profesor del Departamento de Psicología de la Salud de la Universidad de Alicante


Bibliografía

  1. Morais TCA, Monteiro PS. Los conceptos de vulnerabilidad humana y la integridad individual para la bioética. Rev Bioét. 2017;25(2):311-9.
  2. Alguacil Gómez J., Camacho Gutiérrez J. La vulnerabilidad urbana en España. Identificación y evolución de los barrios vulnerables. Empiria. 2013; 27: 73-94.
  3. European Union. Commission. Roma health report. LU: Publications Office; 2014. Disponible en: https://data.europa.eu/doi/10.2772/31384
  4. Sen A. ¿Por qué la equidad en salud? Rev Panam Salud Pública. 2002;11(5/6) 302-309.
  5. Miranda D.E., Gutiérrez-Martínez A., Vizarraga Trigueros E., Albar-Marín M.J. Capacitación de población gitana en abogacía para la salud: un estudio de caso en Torreblanca, Sevilla. Gac Sanit. 2020. doi:10.1016/j.gaceta.2020.09.002
  6. Russell C. Does more medicine make us sicker? Ivan Illich revisited. Gac Sanit. 2019;33(6):579-83.
  7. Cofiño R., Aviño D., Benedé C.B, et al. Promoción de la salud basada en activos: ¿cómo trabajar con esta perspectiva en intervenciones locales? Gac Sanit. 2016, 30(Suppl 1): 93-98.
  8. Pérez-Wilson P., Marcos-Marcos J., Morgan A., Eriksson M., Lindström B., Álvarez-Dardet C. ‘A synergy model of health’: an integration of salutogenesis and the health assets model. Health Promot Int. 2020. doi: 10.1093/heapro/daaa084.
  9. Russell C. From Deficit-based to Asset-based Community Driven Responses to COVID-19 (Part 1). Nurture Development; 2020 Disponible en: https://www.nurturedevelopment.org/blog/from-deficit-based-to-asset-based-community-driven-responses-to-covid-19-part-1/