La igualdad de género y el cambio climático. Una relación por construir

María Teresa Ruíz Cantero

A través de los medios de comunicación, el pasado diciembre hemos tenido abundantes noticias sobre la Cumbre del Clima celebrada en Madrid, y sobre la relevancia del calentamiento global del planeta y sus consecuencias. España es uno de los países que mediante sus instituciones políticas estatales ha mostrado un grado de ambición considerable en estos últimos 2 años. Junto con otros organismos y agencias de la Organización de Naciones Unidas (ONU), España insta a los Estados a asumir un mayor grado de compromiso en el desarrollo de políticas para alcanzar los valores establecidos por la Organización Mundial de la Salud sobre calidad del aire, y a trabajar para conseguir la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas como componente esencial de las acciones de lucha contra el cambio climático (CC).

Hay 2 respuestas políticas al CC, las que tienen el objetivo de la mitigación y las centradas en la adaptación (1-4). La mitigación se refiere a las políticas que tienen el objetivo de recudir las emisiones de CO2 para frenar la rapidez del CC. La reducción del 80% de las emisiones de CO2 para el año 2050 es común en los países desarrollados y es la meta de las negociaciones internacionales sobre medioambiente. Conseguirlo depende de cambios sociales y económicos lentos, impopulares y difíciles de realizar políticamente. Así que junto con el trabajo en mitigación de los efectos del CC, quienes toman decisiones políticas están pensando en cómo afrontar el impacto del CC en los próximos 50 años, pues si la población no está preparada, no será capaz de adaptarse, y las consecuencias políticas serán graves.

La Cumbre se ha centrado en áreas prioritarias como los progresos en los ámbitos de la mitigación y la adaptación y los medios puestos en marcha, para aumentar la capacidad de las personas para adaptarse a la escasez de agua, a temperaturas altas y erosiones en las costas entre otros factores de estrés climático.

Adaptación y Mitigación. Las 2 estrategias contra el calentamiento global del planeta

Como sabemos también por los medios de comunicación, los principales problemas de la Cumbre fueron el mercado de carbono, la financiación y el plan de género. Éste último fue apoyado por pocos países al inicio de la Cumbre; entre ellos España. Pero, apenas contaba con respaldo de la mayoría de los países, que ni querían negociarlo, al no reconocer los diferentes efectos del CC sobre las mujeres y los hombres, y mucho menos aceptar el planteamiento de la ONU de que un liderazgo de acciones a favor del clima por parte de las mujeres es más eficaz. No obstante, la ONU no estuvo dispuesta a la eliminación o vaciado de objetivos y contenidos del plan existente, entendiendo que significaba un importante retroceso en la lucha por la equidad de género. Finalmente, en el proceso hacia un mundo libre de emisiones se ha aprobado el Plan de género que estará vigente hasta el 2025, en el que se ha acordado un plan de acción para desarrollar medidas que den respuesta al efecto desigual del CC en mujeres y niñas, y a promover el papel de las mujeres como agentes de cambio, y con más participación en la negociación internacional, así como, teniendo un papel activo en la toma de decisión a nivel nacional (ver nota de prensa).

El valor añadido de la incorporación de la perspectiva de género en el CC es el apoyo a la igualdad, la efectividad, y la eficiencia. Sin embargo, existe un choque de perspectivas de cómo desarrollar las políticas de mitigación y adaptación. Por una parte, en los círculos de políticas ecológicas, hay un discurso dominante de la modernización ecológica que tiene un enfoque del lado de la oferta y uso de tecnologías avanzadas que prometen ser altamente rentables, dependientes de la cooperación entre gobiernos y empresas. Es por este motivo que otra de las áreas prioritarias de la Cumbre es una mayor implicación del sector privado como actor clave en la transición ecológica. Por otra parte, el feminismo argumenta que las mujeres han tendido a enfocar su interés en la dimensión social más que en la tecnología. Los discursos de estilos de vida sostenibles, consumo ético, y el principio de precaución para la seguridad humana tienden a reflejar los intereses de las mujeres (5).

Otras de las áreas prioritarias destacadas en la Cumbre es la de la ciencia como base de las negociaciones climáticas. Si se trata de tomar decisiones sobre medidas relacionadas con el CC en base a la evidencia científica, podemos afirmar a partir de una exploración sobre el CC en PUBMED, que el número de registros ha aumentado en los últimos 10 años, aunque siguen siendo escasos; pues han pasado de 1.608 artículos, lo que supone el 0,18% del total de artículos registrados en el año 2009, a 7.316, 0,52% en 2019. La aportación en español era y es escasa, 29 artículos sobre CC en 2009 (0,003% del total), aunque aumentando en 2019 a 441 artículos (0,03%). Respecto a la inclusión del término “género” en el total de publicaciones sobre CC es del 1,6% (sin cambios en estos 10 años). La contribución en español sobre CC y género ha aumentado más en este tiempo (2,26%), irrelevante en todo caso, pues estamos hablando de 1 artículo en 2009 a 10 en 2019.

Hay más publicaciones sobre las estrategias de adaptación entre los países en desarrollo, mientras que los países desarrollados se centran más en estrategias de mitigación. Sin embargo, las metodologías de estos estudios suelen ser descriptivas. Las que comparan las conductas por sexo con relación al CC son las más frecuentes, pero son escasos los análisis de la interacción de razones sociales (ingresos, edad, localización geográfica) que subyacen en las diferencias. Además, esta aproximación por sexo, que no desde la perspectiva de género, puede reforzar la existencia de estereotipos como que los hombres dejan más huella climática que las mujeres, que las mujeres son más cuidadoras del ambiente que los hombres y por lo tanto producen menos emisiones, y que los hombres tienen más conocimiento que las mujeres en temas técnicos, incluyendo los relacionados con el CC (http://genderedinnovations.stanford.edu/case-studies/climate.html).

Faltan evidencias de múltiples aspectos sobre el CC y la salud desde la perspectiva de género ya que el principal objeto de estudio hasta el momento ha sido solo el impacto directo en la salud. La perspectiva de género añade análisis que faltan, como el impacto del CC en las desigualdades de género en salud, e información sobre la promoción de la participación de las mujeres y la aplicabilidad de la equidad de género para contribuir a la mitigación y adaptación al CC, y sobre el empoderamiento de las mujeres relacionados con el CC. (6)

La manera en que las mujeres han podido entrar en la esfera de la toma de decisiones de las agendas del CC es objeto de reflexión, al haberlo hecho por la vía de crear y recrear sujetos “víctimas”, en concreto sobre la mayor vulnerabilidad de las mujeres. Tanto es así, que las propias mujeres de los países en desarrollo conscientes, se apropian de nombres como “las vulnerables” para sus Organizaciones. Con el fin de contrarrestar la imagen de las mujeres como víctimas impotentes del estrés climático y los desastres naturales, las investigadoras feministas han documentado las diversas estrategias a corto y largo plazo que las mujeres han utilizado para adaptarse y resistir las duras condiciones ambientales y la marginación política. En esta literatura, se analiza el conocimiento indígena de género de las mujeres derivado de su proximidad al mundo natural, mediante prácticas agrícolas cotidianas. También se está trabajando en organizaciones ambientales internacionales de mujeres y en el modesto éxito que han tenido en sus esfuerzos por incluir el género en la agenda de los responsables políticos de la ONU. (5)

Queda trabajo por hacer. Comparación del alcance de objetivos sobre CC dependiendo si las estrategias son de ámbito local, nacionales o internacional; si de base individual o multinivel; de ONGs o de entidades privadas; o si son top-down o bottom-up. Falta más información detallada sobre los diferentes patrones por sexo y de género, por ejemplo de acceso a las energías, al consumo y las emisiones.  Además, desde la perspectiva de género, se critican ciertos discursos sobre el CC que refuerzan los roles tradicionales y las desigualdades de género, y discursos excluyentes que no contemplan prácticas invisibles de adaptación, y modificaciones invisibles de roles de género. El CC puede y debe ser para las mujeres una oportunidad más que un riesgo de mayor vulnerabilidad.

Finalizar con una idea, a mi entender realista y mesurada, escuchada en la Sesión “Exploring climate change through gender equity and equality” del Congreso International de la Royal Geographical Society de 2014: “Es preciso abrir espacios de reflexión sobre nuestra condición de seres vulnerables, y sobre la arrogancia de la idea de que podemos poner medidas de mitigación y de resiliencia al calentamiento global del planeta”.

Bibliografía.

1. Parry L, Radel Cl, Adamo SB, Clark  N, Counterman M, Flores-Yeffal N, et al. The (In)visible Health Risks of Climate Change. Soc Sci Med 2019; 241, 112448.

2. Anderson R, Bayer PhE, Edwards D. Climate Change and the Need for Agricultural Adaptation. Curr Opin Plant Biol 2020 [Online ahead of print]

3. Goodman B. The Debate on Climate Change and Health in the Context of Ecological Public Health: A Necessary Corrective to Costello Et Al.’s ‘Biggest Global Health Threat’, or Co-Opted Apologists for the Neoliberal Hegemony? Public Health 2014; 128: 1059-65.

4. Haigh Ch, Vallely B for Women’s Environmental Network. Gender and the climate change agenda. The impacts of climate change on women and public policy. Women’s Environmental Network, 2010.

5. MacGregor Sh. A stranger silence still: the need for feminist social research on climate change. Sociol rev 2009; 57: 124-40.

6. Usera ML, Ruiz Cantero MT, Gil González D, Carrasco Portiño M. Exploring climate change through gender equity and equality. RGS-IBG Annual International Conference 2014. Geographies of co-production. London, 2014.

María Teresa Ruiz Cantero. Grupo de Investigación de Salud Pública. Universidad de Alicante