Abonando el campo de estudio de los hombres y las masculinidades desde una Perspectiva de Género en Salud

¿Están los hombres en peligro de extinción?  Era la pregunta que, en noviembre de 2001, encabezaba un editorial del British Medical Journal1 y que daba pie a la presentación del primer Congreso Mundial sobre la Salud de los Hombres. Un síntoma más del gran interés que este tema empezaba a despertar en la literatura científica.

Hace tan solo unos días, durante la 10ª Conferencia Europea de Salud Pública celebrada en Estocolmo, la oficina regional europea de la Organización Mundial de la Salud anunciaba que se está trabajando en una estrategia centrada en la salud y bienestar de los hombres, para lo cual reunió el pasado 5 de septiembre un grupo de personas expertas en Copenhague (Dinarmarca)2. ¡Bienvenida sea si supone un nuevo impulso al análisis de los procesos de salud y enfermedad desde una perspectiva de género!

El desarrollo de este tipo de estrategias no es ajeno a controversias. Podríamos poner como ejemplo las suscitadas por la puesta en marcha de la National male health policy 3 por parte del gobierno de Australia; iniciativa de promoción de la salud desarrollada como complemento a su “estrategia en favor de la salud de las mujeres”. No hay que olvidar que estamos ante propuestas elaboradas bajo la premisa de que la incorporación de la transversalidad de género puede ser más efectiva cuando se abordan de forma independiente los intereses y necesidades específicas de distintos colectivos de personas. Seguramente podemos identificar tantos argumentos a favor como en contra. ¡Lo dejo abierto para vuestros comentarios!

Foto: María del Mar García Calvente. European Public Health Conference, Estocolmo, 2 de noviembre de 2017

El análisis de este tipo políticas con enfoque de género nos permite tener una visión más integral sobre las diferencias y desigualdades en salud. También podríamos decir que nos ofrece una mejor panorámica de las contribuciones que puede hacer el estudio de las masculinidades en el momento actual. Sea como fuere, estamos ante un debate que, entre otras cuestiones, ha contribuido a conceptualizar la idea de equidad en un sentido más amplio: manteniendo el énfasis en las relaciones de poder, pero no solo de los hombres sobre las mujeres, sino también, de los hombres sobre otros hombres4.

El marco de los determinantes sociales y las desigualdades de género nos facilita la comprensión de los procesos de salud y enfermedad de los hombres sin perder de vista la interacción con los de las mujeres. De ahí la relevancia de entender el género no sólo como un principio articulador de creencias, valores y costumbres, sino también, de diferencias en la exposición y vulnerabilidad a factores de riesgo5. En el caso concreto de los hombres, esto implica subrayar los problemas de salud a los que se enfrentan como consecuencia de la interpretación y el cumplimiento de las expectativas de lo que se considera ser un hombre.

Esto precisamente es lo que ha llevado a reconocer la necesidad de involucrarlos en programas e intervenciones con capacidad de promover cambios positivos en el sistema de género. Estamos ante una línea estratégica que bien podríamos conectar con el llamamiento realizado por la Comisión de Determinantes Sociales de la Salud para potenciar la construcción de un movimiento global por la equidad en salud6. Precisamente, como parte de este movimiento, dentro del 54º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, se abordaría de forma explícita la necesidad de involucrar a los hombres en la defensa de la igualdad. No en vano, parte de esta sesión giraría sobre el análisis del informe What Men Have to Do with it: Public Policies to Promote Gender Equality, elaborado por el International Center for Research on Women (ICRW) y el Instituto Promundo7.

En la raíz de este tipo de documentos con implicaciones para las políticas, se encuentra la importancia de conocer los mecanismos subyacentes a las formas en que las sociedades nos “construyen” como hombres. Y esto, sin olvidar, que las conductas que se relacionan con la salud resultan esenciales a la hora de analizar las identidades de género, llegando a ser utilizadas para reforzar, y también para resquebrajar, los códigos sociales considerados normativos8.

El papel clave que Gaceta Sanitaria viene desempeñando en la difusión de conocimiento científico sobre género y salud es más que evidente. En este sentido, celebro la publicación de Assessing gender stereotypes and sexual risk practices in men who have sex with men 9, artículo en el que Ángel Gasch, Concepción Tomás y Encarnación Rubio hacen una interesante contribución al estudio de la sexualidad desde una perspectiva de género centrada en la salud de los hombres.  Se trata de un artículo que, además, directa o indirectamente, viene a reforzar la pertinencia de potenciar el desarrollo de marcos explicativos sobre la salud de los hombres capaces de ir más allá de enfoques limitados al nivel individual.

Hacer un cambio de unidad de análisis, desde el individuo a las relaciones, situaciones e interacciones sociales, mejoraría nuestra comprensión del riesgo como rasgo atributivo y  transversal a la construcción de las identidades de género. Esto requiere potenciar el desarrollo de un enfoque relacional desde el que avanzar en el estudio sobre los hombres y las masculinidades desde una perspectiva de género en salud.

 Referencias

1 Meryn S, Jadad AR. The future of men and their health. Are men in danger of extinction? BMJ. 2001;323:1013–1014.

2  WHO/Europe. Breakthrough for men’s health: WHO and experts kick off development of strategy and report. [consultado el 10/11/2017]. Disponible en: http://www.euro.who.int/en/health-topics/health-determinants/gender/news/news/2017/09/breakthrough-for-mens-health-who-and-experts-kick-off-development-of-strategy-and-report

3 Commonwealth of Australia. National male health policy: building on the strengths of Australian males. 2010. Disponible en: http://www.health.gov.au/malehealthpolicy

4 Broom DH. Men’s health and women’s health–deadly enemies or strategic allies. Crit Publ Health. 2009;19:269-277.

5 Krieger N. Genders, sexes, and health: What are the connections-and why does it matter? Int J Epidemiol. 2003;32:652–657.

6  Commission on Social Determinants of Health. Achieving Health Equity: from root causes to fair outcomes. Geneva: WHO. 2007. Disponible en: http://www.who.int/social_determinants/resources/csdh_media/cdsh_interim_statement_final_07.pdf

Barker B, Greene ME, Goldstein-Siegel E, et al. What Men Have to Do with it: Public Policies to Promote Gender Equality. 2009. Disponible en: https://www.icrw.org/publications/what-men-have-to-do-with-it/

8 Marcos-Marcos J, Romo N, del Río M, et al. Performing masculinity, influencing health: a qualitative mixed-methods study of Spanish young men. Glob Health Action. 2013; 6:10.3402/gha.v6i0.21134

9 Gasch A, Tomás C, Rubio E. Assessing gender stereotypes and sexual risk practices in men who have sex with men. Gac Sanit. 2017. http://dx.doi.org/10.1016/j.gaceta.2017.05.001

 

Jorge Marcos Marcos

Doctor por la Universidad de Granada en Estudios de Género, Máster Europeo en Salud Pública «Europubhealth», Licenciado en Antropología Social y Diplomado en Ciencias de la Educación. Actualmente, investigador postdoctoral (Juan de la Cierva) en la Universidad de Alicante y docente colaborador en la Escuela Andaluza de Salud Pública (Granada). Realizó para Gaceta Sanitaria la evaluación externa de manuscrito “Assessing gender stereotypes and sexual risk practices in men who have sex with men”.

 

 

 

 

 

¿Se deben cuantificar monetariamente los cuidados informales? Su influencia en la toma de decisiones sanitarias

Pese a su formal nomenclatura, probablemente el lector esté familiarizado con los cuidados informales e incluso haya ejercido como tal. Según la Organización Mundial de la Salud, se entiende por cuidador informal la persona del entorno del enfermo, ya sea un familiar o amigo, que asume voluntariamente su cuidado sin tener formación específica y sin recibir, por lo general, contraprestación económica1.

(Imagen obtenida de: https://www.mbchamber.mb.ca )

En este sentido, los cuidadores informales están fundamentalmente muy presentes en los países del sur de Europa, siendo un recurso invisible y rara vez reconocido por la sociedad2. Tradicionalmente, la figura del cuidador informal en España ha consistido en una mujer, con educación básica, desempleada o ama de casa3. Sin embargo, la incorporación de la mujer al mundo laboral, los cambios en las estructuras familiares, así como emigraciones de los descendientes al extranjero por motivos laborales como consecuencia de la recesión económica iniciada en el año 2008, son motivos suficientes como para pensar y debatir que la mano invisible de los cuidadores informales pudiera llegar a su fin.

Que no se reciba contraprestación económica o el precio del cuidado informal sea nulo no quiere decir que su valor lo sea. En absoluto. La dedicación que los cuidadores informales otorgan a sus familiares, mayoritariamente en régimen de exclusividad, no está exenta de trascendentes costes de oportunidad, además de los propios pecuniarios. Es por ello que, en los últimos años, numerosos autores nacionales han cuantificado monetariamente el valor de los cuidados informales asociados a distintas enfermedades. Destacan evaluaciones enAlzheimer4, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica5, cáncer6, personas con dependencia7 o esquizofrenia8. En general, se ha estimado que el valor de los cuidados informales en personas con dependencia oscila entre 23.064 y 50.158 millones de euros, lo que equivale entre un 1,73 y 4,90% del PIB de España para el año 20087.

En España, se manifestó un importante aumento de este valor intangible gracias a la Ley de Dependencia, a través de la cual, la persona dependiente podía entre los distintos servicios públicos y prestaciones monetarias ofertadas, escoger la prestación económica de cuidados informales cuyo destino final era reconocer formalmente a su cuidador principal9.En la actualidad, se está observando una leve y creciente concienciación por parte de la Administración Pública de la externalidad positiva que generan los cuidadores informales en la sociedad. Sin embargo, la cobertura pública es aún insuficiente y alrededor del 80% de los cuidados de larga duración son proporcionados por el entorno familiar10. En otras palabras, el ahorro de recursos públicos derivado de su existencia sólo en el ámbito de la dependencia ha sido estimado entre un 23% y un 55%11.

Desde una perspectiva económica, en la que el objetivo del sector público ha de ser alcanzar el máximo nivel de eficiencia y equidad social posible, la información subyacente de la realidad se postula como base para la toma de decisiones. En este sentido, las necesidades de la población se esperan que sean solventadas por la administración con eficiencia, realizando una correcta asignación de recursos públicos, y equidad, precisando las necesidades reales de cada grupo de población. La información basada en la realidad ha de ser puesta en conocimiento de las autoridades sanitarias y entre ella, información relativa a los invisibles cuidados informales, muy posiblemente tornados en formales en un futuro no muy lejano de no ser, cuanto menos, sopesados en el diseño de políticas sociales. El tránsito hacia la formalidad de los cuidados actualmente informales se traducirá, a saber, en una carga económica adicional en las familias (suponiendo un empobrecimiento de la población), en una carga económica para la administración pública (debiendo de ser claramente cuantificada), o en un reparto de dificultades financieras para ambos agentes, familias y ente público.

Para ello, las evaluaciones económicas de nuevas tecnologías sanitarias son un ancla de impulso para, no sólo cuantificar los costes directos sanitarios (perspectiva del financiador- Sistema Nacional de Salud-), sino también para ampliar las fronteras de estudio e incorporar información complementaria como el valor monetario de los cuidados informales, entre otros (perspectiva de la sociedad)12,13.El legislador debe disponer de toda la información inherente a la casuística sobre la que debe tomar sus decisiones: si éste es miope, sin duda las decisiones que tome contendrán en mayor o menor medida un cierto grado de miopía que puede contribuir a sesgar la dirección e intensidad de sus decisiones, y por tanto, redundar en relevantes desviaciones sobre el objetivo diseñado y las medidas establecidas para alcanzarlo. En otras palabras, la razón principal por la que es recomendable incorporar el valor del cuidado informal estriba fundamentalmente en una importante infraestimación del resultado si éste se hace desde un único enfoque social (igual ocurre con los costes indirectos)12-15. Un ejemplo sencillo: supongamos que la técnica A logra mejorar la salud del paciente en un período de 10 días suponiendo la total dependencia de una tercera persona. Sin embargo, la técnica B consigue mejorar al paciente en 20 días pero su efecto no llega a ser invalidante para el paciente. En este caso, si se realizase la evaluación económica desde la perspectiva del Sistema Nacional de Salud nose estaría reflejando la realidad en su totalidad, por lo que la decisión final podría estar sesgada. La valoración e incorporación de los cuidados informales en evaluaciones económicas es tan importante como necesaria, tan relevante como trascendente, y tan obligatoria como lo es la realidad del cuidado informal, puesto que supondría no sólo una mayor certeza en la toma de decisiones sanitarias por parte de la administración, sino que de no hacerlo, las evaluaciones realizadas reflejarían tan solo parcialmente la realidad.

Autora: Marta Ortega Ortega

Marta Ortega Ortega es profesora de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y autora del artículo “Differences in the economic valuation and determining factors of informal care over time: the case of blood cancer. Gac Sanit. 2017 (EPub) doi: 10.1016/j.gaceta.2017.02.006

 

 

Bibliografía

  1. Word Health Organization Lessons for long-term care policy. The cross-cluster initiative on long-term care. (WHO); 2002.

 

  1. Carrera F, Pavolini E, Ranci C, et al. Long-term care systems in comparative perspective: Care needs, informal and formal coverage, and social impacts in European countries. En: Ranci C., Pavolini E. editors. Reforms in Long-Term Care Policies in Europe. Springer, New York, NY; p. 23-52.

 

  1. García-Calvente MM, Mateo-Rodríguez I,Eguiguren AP. El sistema informal de cuidados en clave de desigualdad. Gac Sanit. 2004;18(1):132–139.

 

  1. Peña-Longobardo LM, Oliva-Moreno J. Economic valuation and determinants of informal care to people with Alzheimer’s disease. Eur J Health Econom. 2015;16:507-15.

 

  1. Peña-Longobardo LM, Oliva-Moreno J, Hidalgo-Vega Á, Miravitlles M. Economic valuation and determinants of informal care to disabled people with Chronic Obstructive Pulmonary Disease (COPD). BMC Health Serv Res. 2015;15:101.

 

  1. Ortega-Ortega M, Montero-Granados R, de Dios Jiménez-Aguilera J. Differences in the economic valuation and determining factors of informal care over time: the case of blood cancer. Gac Sa 2017. Ahead of print.

 

  1. Oliva-Moreno J, Peña-Longobardo LM, Vilaplana-Prieto C. An estimation of the value of informal care provided to dependent people in Spain.Appl Health Econ Health Policy. 2015;13:223-31.

 

  1. Aranda-Reneo I, Oliva-Moreno J, Vilaplana-Prieto C, Hidalgo-Vega Á, González-Domínguez A. Informal care of patients with schizophrenia.J Ment Health Policy Econ. 2013;16(3):99-108.

 

  1. Boletín Oficial del Estado. Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de Dependencia. BOE núm. 299 de 15/12/2006.

 

  1. Masana L. Long-term informal care in Spain: challenges, views and solutions. Salud Colect. 2017;13(2):337-352.

 

  1. del Pozo Rubio R, Escribano Sotos F. Impacto económico del cuidado informal tras la Ley de Promoción de la autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. Rev Esp Salud Pública. 2012; 86:381-392.

 

  1. López Bastida J, Oliva J, Antoñanzas F, et al. Propuesta de guía para la evaluación económica aplicada a las tecnologías sanitarias. Gac Sanit. 2010;24(2):154-170.

 

  1. Hoefman RJ, van Exel J, Brouwer W. How to include informal care in economic evaluations. 2013;31:1105-19.

 

  1. Van den Berg B, Brouwer WB, Koopmanschap MA. Economic valuation of informal care. An overview of methods and applications. Eur J Health Econom. 2004;5:36-45.

 

  1. Van Exel J, Bobinac A, Koopmanschap M, et al. The invisible hands made visible: recognizing the value of informal care in healthcare decision-making.Expert Rev Pharmacoecon Outcomes Res. 2008;8:557-61.